Cuando algo me interesa nada o mucho hago exactamente lo mismo. Me voy. Si me interesa mucho, vuelvo. Pero incluso cuando me interesa muy mucho, necesito tiempo intercalado de silencio. Para asimilar. Vivir en eso.

Para desarrollar alguna idea preciso el run run de otra voz. No lo que dice la persona, sino el sonido de su voz: la reconozco porque activa un mecanismo. Desde ese lugar aparecen formas de organizar hilos donde colgar piezas que ya tenía.

Encontré algunas voces organizadoras*. Involucra cierto encantamiento. El misterio puede llegar a ser por qué esas y no otras. Pero eso no me interesa ahora.

 

*Las que suenan en la radio.