La máquina

Viste que en la conversación, hay quienes repiten frases que ya dijeron antes. Tienen un manojo tremendo del cual están orgullosos. Las dicen con ganas, a veces bajando el tono.

Viste que tienen frases de segunda línea cuando pasan los cinco minutos. Bueno, ahí sería conveniente, si no notás nada raro, mandarte con algo o irte. No te dejes convencer, son fatales.

 

El fresno

 

Lo habíamos dejado crecer para que cuidara del sol al techo del rancho. Pero se fue de madre, así que 20 años después, hoy, lo hicimos en rebanadas como bancos.

Del vecino viene una enredadera que tenía unos asuntos con él de este lado. Podría decirse que la dejamos viuda y quedó sola también en función del acondicionamiento térmico.

Las próximas lluvias serán determinantes para conocer el alcance de las nuevas goteras que, gracias al fresno, eran aleatorias y en lugares no estratégicos. El agua circuló por distintos lugares, pero siempre con la elegancia suficiente para no mojar el colchón ni cosas eléctricas. Los próximos días serán cruciales, atentos a la meteorología para estar aquí en el momento indicado con la disposición necesaria para mover los muebles.

Santa Ana

Sábado 9 de la mañana. Fin de semana en Santa Ana. Me quedo trancado al salir, no puedo sacar la llave de la puerta. Abre y cierra lo más bien, pero no sale, no quiere salir. Si hago más fuerza, rompo. Llamo al dueño del lugar. Antes, reviso el crédito. Cargo 100.

-¡Hugo! ¿Todo bien? Mirá, llegué ayer y todo joya, pero ahora bla bla le cuento todo.
-Qué cosa más rara, dice. Dejame ver qué puedo hacer desde acá.

Había pensado dos caminatas. Una de mañana y otra de tarde. Ese día murió. Lo que debe ser conseguir por acá a un cerrajero, me quiero morir. Ni siquiera sé darle instrucciones para llegar. Pero además, el más cerca debe estar en Atlántida.
Sé que estoy alterado por las pulsaciones. Además, escucho una música asordinada con bajo ochentoso de música disco. ¿De dónde viene eso? La casa más cercana está a 50 metros. Es el tipo de sonido que escucho cuando hay recital en el estadio Centenario, a 400 metros de donde vivo. Ah, pará! Son los parlantes del equipo, ¿arrancó solo? Vine acá ayer y jamás lo prendí, me dormí en el silencio de la noche como bendito.

Vine acá para pensar en otro trabajo y ya lo tengo: Cerrajero de la Costa de Oro. Tengo que aprender el oficio, averiguar cómo laburan los que ya están. No, primero averiguo, si vale la pena, aprendo. Cerrajería. Deporte de contacto con la propiedad.

No importa qué sonido le ponga, cuando el celular llama siempre suena a emergencia.

¡Hugo! ¿Que si probé qué? A ver, pará. Tal cual, era eso, disculpá.

La llave sale horizontal. Soy un boludo.
Tengo 2 caminatas pensadas. Las dos para el este. Una toda por la rambla y la otra por dentro.