Sí, vos.

Era un extranjero tratando de hacer las cosas bien, pero la verdad es que no me salía.
Dije: este planeta de farsantes se merece uno más o uno menos, pero no todos éstos. La culpa la tenés vos, hija de puta.
Me contaste cómo venías haciendo. Describiste un día. Los meses en los que dejaste de a poco un trabajo. Diste un ejemplo. Me hiciste pensar cómo sería, conchuda.
Ahora sigo de largo, sin frenos. Tengo todo el día magia en los dedos y no tengo excusas para diferir.

El líquido amniótico de las simpatías filosóficas

Quizás debería hacer en otras cosas, lo que hago con los sistemas operativos.

Instalé Ubuntu cuando supe que lo podía hacer manteniendo windoes por las dudas de que algo no funcionara. Me encantó. Andaba por la casa con unos centímetros por arriba de lo habitual, contento de participar como usuario en un proyecto afín, sumergido en el líquido amniótico que produce lo que tiene simpatías filosóficas. Con los años fue mejorando.

Un día decidí cambiar porque dejó de gustarme. Instalé otro linux que en cuanto me acuerde el nombre se los digo. Debo haber estado un año o año y medio con buenos resultados. Pero igual, un día me pasé a un tercer sistema que seguí durante un tiempo similar. En cada caso, siempre me suscribí a blogs específicos que me acompañaron. Cada tanto busqué evolucionar, acondicionar más a mi gusto. Ejemplo: un programa de reproducción de canciones con más posibilidades de configurar cosas como transición entre canciones, letras a un clic de distancia, boludeces.

No se explicar bien qué es lo que se siente estrenar un sistema, conocerlo. Pero a falta de algo mejor digamos que es como retirar la tapa de papel metálico del frasco nuevo de dulce de leche. Esta semana instalé Elementary os, una recomendación que leí, con mejor laburo en el diseño.

Quizás debería hacer en otras cosas, lo que hago con los sistemas operativos de las máquinas de casa.

Fondo 2.0

La gata da vueltas sin decidir, al final queda debajo de mi silla. Lo veo más como una actitud de perro, pero está bien, la gata es ella y yo opino, nomás, que nunca la ví en un plan así, siempre a la par o encima. Debe ser la alfombra que le gusta, quizás le recuerda Persia. Con este calor, es buena idea cambiar el agua. Con los días se pone dudosa, si le pasás los dedos, te das cuenta. La llamo para mostrarle que tiene agua nueva.

Lo que quiero decir es que sus dudas permanentes para encontrar un lugar me refieren, no puedo dejar de notarlo. Su indecisión me persigue. Parece que se sienta pero no. Mete presión. Le contesto que el fondo es nuevo para los dos; aunque lo conocemos bien, nunca estuvimos solos en esta situación. Quizás pueda ser yo que actúo bajo su influencia o en función suya. La gata me queda mirando. Dice que sabemos los dos que no es así. Pero no estoy tan seguro.

Ahora se viene una tormenta, ya estamos con los truenos. Hay gente en el barrio que se pone cachonda, dice iujujuy con un énfasis sexual muy evidente. Otros revisan de apuro los desagües, la gata piensa que nos vamos para adelante y arranca. Pienso resistir en el fondo a como dé lugar. Sé que si llueve liviano no tengo lío. Si cae mucho en corto tiempo se pone lindo. Habría que correr el futón de la línea de la chapa. ¿Puede ser que me esté entrando alergia o fue un mosquito? Tengo los tomas ocupados y no sé dónde dejé las tabletas.

Se vino lluvia con viento, cierro la ventana. Pará, me digo, no hace falta, que se moje un poco el piso no calienta. Voy a comer algo. Miro la heladera. Arroz y ensalada. Le iba a poner mayonesa pero me dije, no seas terraja, con oliva alcanza y sobra. Dejá la mayonesa para cuando no haya. No compres más esa porquería. Bueno, le pongo un poco y basta, no se habla más del tema.

Por fin me quedo callado.

Hay un goteo distinto del resto. Hace de repique, juega sincopado, medio presumido, con un sonido más grave. Lo sabe. Juega para el resto hasta cierto punto. Un día, se corta solo.

Club Dos Fermentos

El Club Dos Fermentos existió, puedo dar fe, allá por la calle Emancipación, a siete cuadras de Camino Castro. Juntaba virtuosos irregulares, esos que no registran algunas materias. No te importaba porque eran demonios en lo suyo.

Con una botella de vino y algo comestible, pasabas. No te dejaban payar. Tenías que llevar cosas que estén bien, fermentos estables. Comenzó riguroso. Después se entraron a relajar, gente que arrimaba cremas pasadas de fecha. Pero yo te quiero contar esta parte, mirá lo que leyó uno: (porque era así, antes de irte tenías que dejar algo de lo que hicieras.)

“¿Cómo nos fue en el año? Genial, un antes y un después…”

(Todos los años decía lo mismo).

“… Hicimos lo que planificamos. Nos mudamos a una casa más grande. Preparamos el lugar donde vivíamos para traer el taller del fondo. El fondo quedó vacío para mí, voy despacio. Paso las horas en silencio, algo que aprendí de chico. El silencio tiene sentido del humor. Dice que tiemblan las raíces, los linajes de nuestras familias, con lo que planificamos y cumplimos. Se siente el rumor en el estante que aguanta las cenizas de todos ellos. Cuando cumplí 8 me dijo la tía: en el de arriba están los ancestros de tu padre. Los de tu madre, abajo, son más. 

Nunca aprendí los nombres. A fin de año mezclé todos y los fumé en un caño. Experimentamos otra vez algo tibio.”