632.380, al momento de poner el título.

Estoy sentado hace rato delante de la música pero no sé qué poner. 632.447 temas y no me sirve ninguno. Me empiezo a sentir mal. Miro para atrás en el tiempo, si anduve insoportable. Me diagnostico. Trato que despierte el cerebro y zonas del conurbano.
Revisando el día encuentro que pasaron dos cosas. Una no me la acuerdo y la otra no tiene importancia. Pero igual, cualquiera de las dos: fueron abejas. Sé que murieron porque dejaron aguijón. 632.446 temas y yo nada. Acabo de borrar uno. No sé qué hacía en mi selección.

Miramar

Los dos en silencio, media hora. En la terraza sopla viento con cenizas. En la azotea de una casa vecina flamea una bandera de Peñarol. Cada tanto se escucha el sonido del silbato que viene de la cancha de básquetbol de Santiago Gadea casi Alicante.

 

-Casi Washington Beltrán, relator. El ómnibus va por Beltrán y la gente se ubica más. Alicante es… nadie la recuerda. Juegue conmigo, relator.

-Qué desubicado. Todavía no tenés un diálogo y ya estás bocinando. Escuchame, personaje sin nombre, “Alicante” hace dupla con “silencio” y es la mejor elección. La similitud fonética me sirve para crear ambiente y explorar la magia del club.

-Uh, vos sos otro, puro bla bla. Capo: ¡Aprendete el nombre del cuadro si vas a hablar de nosotros! ¿Entraste alguna vez?

-¿Vos tenés claro que estás acá por mi, no? ¿Sabés cómo funciona? ¿Conocés esos detalles? Me da igual el nombre del club. Si no me gusta, le invento uno. Tu club es igual que cualquiera.

-Cualquiera serás vos, que no te lee nadie, papá. ¿A quién le querés enseñar?

 

(ñar ñar: la palabra queda en eco, entra en el silencio)

 

El ralator le da vida, un poco más. Anota todo, después hace un bollo y lo tira a la parrilla. La mujer, que salía a colgar ropa, vio el papel y preguntó si iba a prender.

 

-La verdad, no sé. ¿Hay carne?

 

Comentarios sobre Gautier

—No importa si pasó, o no. Tiene que ser creíble. Te llevo esa de que el lavarropas va a tiempo con la canción, pero ¿en el tono? ¿Qué tenés, oído absoluto? Si te pasó te felicito como persona, si cabe, no estoy seguro; ¿pero como escritor? No, querido. Trabajalo. Me lo tengo que creer.

—No hace falta oído absoluto para escuchar armonía. No sabés nada. Morite. Allá tenemos un dicho: si te pasó, alcanza. Vos contá hasta la mitad, que los demás remen.

—¿Eso les funciona?

—Jamás, pero nos mantiene entrenados.

Cedulón

Gautier está jodido. Agrega madera al fuego y piensa en el último abrazo recibido. El cerebro escanea un rato hasta encontrarlo. Fue de su anterior suegra.
Amarillo está el recibo del sueldo. El tiempo en la casa parece detenido. A no ser por el sol que aparece y se esconde, no llegan noticias a lo de Gautier. Miento. La otra vez, sí. Una llamada de teléfono y dos días después un papel por debajo.
Lo que le ocupa es el hielo. Apoya los brazos en el sillón: un asiento de auto reformado. Gautier repasa los eventos. Son caras, dice en voz alta Gautier, como si alguien estuviera escuchando. Dos por tres hace eso. Dice algunas palabras de una frase más larga que piensa. Son caras, gente que habla. El lavarropas del vecino va a tiempo con la canción que Gautier escucha. Un momento después sincroniza en el tono. Entonces se apaga, como Gautier cuando se pasa de vino.

Salud

En la casa de los Gautier, el hombre está por hacer el asado. Con un tenedor en la mano, piensa y concluye que no cabe en la parrilla todo lo que le propusieron. Una vez rechazados los excedentes, que marcharon de vuelta a la heladera, distribuye los pollos, el vacío y las demás cosas.

Durante el rato que buscó la manera que entrara todo, cerca del fuego, pinchando, acomodando las piezas, tomando de un vaso servido por su señora, preparado con cascaritas de naranja, jengibre y whisky del bueno, se pasó de tragos por el estrés. Ahora se va reponiendo.

Arrima abundante brasa porque quiere escribir una idea sin interrupciones. Corta una hoja de papel de cocina y la coloca abajo del mouse. Levanta la tapa de la cascarria.

Aguantá –piensa Gautier, que no quiere dejar escapar la inspiración y la trata como a una dama- Tené en cuenta que la pantalla se ve negra, que tengo que buscar palabras entre el cielo y el humo.