Cuestión de suerte

Cuando cuento cómo adquirí mi último trabajo, miran como que estoy mintiendo. Son caras distintas en cada uno. Pero las detecto.

Andaba en la mala, con muy pocos pesos. En vez de esperar el cero fui a buscarlo. Compré un bolso carísimo. Una mochila, en realidad. Por un rato, me sentí tremendo. Recorrí los bolsillos, todos muy bien pensados, con un tipo de cierre nuevo, tecnología japonesa, tan silenciosa y suave que daba miedo.

Venía en el ómnibus, cayendo en lo real, mugriento y pegajoso. El subidón de la compra empezaba a ser un recuerdo. En las piernas, la mochila vacía, con la tarjeta del modelo colgando del hilo. La muchacha sentada al lado me pregunta dónde aprendí ese movimiento. Quedé en blanco, mirando sin entender. Lo que hacés con los dedos en el bolso. No supe qué decir, me dio vergüenza. Habló de un trabajo que se pagaba bien, habló de entrevista. Quedamos para el día siguiente, después del mediodía.

Me rompí la cabeza, antes de dormir, pensando qué podía ser, y tratando de acordarme dónde había aprendido ese movimiento.

Al día siguiente, después de una introducción bastante larga, donde hubo palabras que no entendí, me consultó sobre temas referidos a sexualidad, para conocer mi opinión. Mi cara debió ser muy graciosa porque la muchacha se tentó.

-Mirá, voy a decirte directamente porque creo que podía andar. Asisto a una mujer que casi no se puede mover, hago todo tipo de cosas, incluso tocarla, sí. Por eso te preguntaba por estos temas. Ella prefiere que sea un varón. Lo que más le gusta tiene que ver con eso que hacías ayer. ¡No lo podía creer! Viste que es algo bastante particular. Bueno. Me imagino que lo tendrás que pensar. La propuesta y condiciones están en este papel. Leélo tranquilo. Cualquier duda me consultás. Ella tiene ilusión. Pero entiende la situación, si decidís no aceptar. Miré el número que ofrecían y lo demás por arriba. Ya sabía lo que iba a hacer pero dije que respondería en 24 hs.

El fresno

 

Lo habíamos dejado crecer para que cuidara del sol al techo del rancho. Pero se fue de madre, así que 20 años después, hoy, lo hicimos en rebanadas como bancos.

Del vecino viene una enredadera que tenía unos asuntos con él de este lado. Podría decirse que la dejamos viuda y quedó sola también en función del acondicionamiento térmico.

Las próximas lluvias serán determinantes para conocer el alcance de las nuevas goteras que, gracias al fresno, eran aleatorias y en lugares no estratégicos. El agua circuló por distintos lugares, pero siempre con la elegancia suficiente para no mojar el colchón ni cosas eléctricas. Los próximos días serán cruciales, atentos a la meteorología para estar aquí en el momento indicado con la disposición necesaria para mover los muebles.

Santa Ana

Sábado 9 de la mañana. Fin de semana en Santa Ana. Me quedo trancado al salir, no puedo sacar la llave de la puerta. Abre y cierra lo más bien, pero no sale, no quiere salir. Si hago más fuerza, rompo. Llamo al dueño del lugar. Antes, reviso el crédito. Cargo 100.

-¡Hugo! ¿Todo bien? Mirá, llegué ayer y todo joya, pero ahora bla bla le cuento todo.
-Qué cosa más rara, dice. Dejame ver qué puedo hacer desde acá.

Había pensado dos caminatas. Una de mañana y otra de tarde. Ese día murió. Lo que debe ser conseguir por acá a un cerrajero, me quiero morir. Ni siquiera sé darle instrucciones para llegar. Pero además, el más cerca debe estar en Atlántida.
Sé que estoy alterado por las pulsaciones. Además, escucho una música asordinada con bajo ochentoso de música disco. ¿De dónde viene eso? La casa más cercana está a 50 metros. Es el tipo de sonido que escucho cuando hay recital en el estadio Centenario, a 400 metros de donde vivo. Ah, pará! Son los parlantes del equipo, ¿arrancó solo? Vine acá ayer y jamás lo prendí, me dormí en el silencio de la noche como bendito.

Vine acá para pensar en otro trabajo y ya lo tengo: Cerrajero de la Costa de Oro. Tengo que aprender el oficio, averiguar cómo laburan los que ya están. No, primero averiguo, si vale la pena, aprendo. Cerrajería. Deporte de contacto con la propiedad.

No importa qué sonido le ponga, cuando el celular llama siempre suena a emergencia.

¡Hugo! ¿Que si probé qué? A ver, pará. Tal cual, era eso, disculpá.

La llave sale horizontal. Soy un boludo.
Tengo 2 caminatas pensadas. Las dos para el este. Una toda por la rambla y la otra por dentro.

 

No hay problema

LLego y no hay luz. Dicen acá que se fue a las 10. Son más de las 3 y no vino. ¿Hicieron reclamo? No se sabe. Una llamó pero se le cortó la llamada y al segundo intento le informaron problemas técnicos, no le quedó claro si se completó el proceso. El otro preguntó al lado, y también a oscuras. Pero no se sabe si llamó o no, y preguntarle no es fácil, puede ser que se desestabilice un poco.

No sé tampoco cuánto tengo de batería. Pero para poder conectarme a internet con ese usb viejo tengo que iniciar una versión de elementary anterior desde un pendrive, la única distribución de 3 o 4 que probé que me sigue agarrando esa pedorra de antel de 1 mega que no es. Lo tengo a mano en la cartuchera porque no es la primera vez de estos casos.
Una vez instalado el elementary freya y configurada la conexión, queda pronto, siempre y cuando no precises ver un video. En ese caso se instala synaptic para poder instalar libappindicator1 que es el complemento que precisa Chrome. Ahora sí, todo queda pronto para ver el partido en la definición más baja, 144p. Borrosa sí, es cierto. Al menos el audio se escucha bárbaro. Tengo que controlar no pasarme de los 5 gigas por mes que me otorga el servicio.