Uno atrás de otro

Gracias a que escribo, recuerdo que ya pasó. Aparecen problemas con el agua, uno atrás de otro. Cuando termine con este voy a buscar el relato anterior.

Empezó con la canilla del baño. Salía cada vez menos agua, las veces que quise desenroscar el filtro de la punta para limpiar, no pude. Hasta que agarré la llave pico de loro y al hacer fuerza la rompí. La rosca parecía soldada. Fui a la ferretería, compré una nueva y la coloqué sin problemas. Dos días después, mi hijo me avisa que la ducha no cierra. ¿Cómo que no cierra? Era un feriado laborable, fin de semana largo, así que la ferretería de la otra vez estaba cerrada. Caminando llegué a otra donde encontré un reemplazo. La coloqué sin problemas.

En la misma semana se jodió la mezcladora de la cocina. Mi mujer gritó, se quedó con la canilla en la mano y había agua por todos lados. Corrí a cerrar la llave de paso general. Conseguí un reemplazo en la segunda ferretería del barrio. Se complicó un poco con las colillas, porque hay que trabajar en una posición incómoda para colocarlas.

Ya que estábamos en eso, nos decidimos a llamar a un sanitario para terminar de una vez con el tema de los goteos en el desagüe de la pileta de la cocina. Nunca había quedado del todo bien. Nos acostumbramos al trapo ahí abajo.
Decidimos llamar a una mujer que tenía buena referencia para hacer el trabajo. Cuando llegó y quise explicarle tuvo una actitud un poco rara, me tomaba el pelo. Así que miré a mi mujer y ella se ocupó de ahí en más. Reemplazó las piezas del desagüe y por unos días pareció quedar bien. En realidad fue más complicado, pero no tengo la paciencia necesaria y no creo que más detalles aporten demasiado.

La semana siguiente al subir a la azotea por otro tema, vi que la cañería de salida del tanque perdía. Llamamos a otro laburante con buena referencia. Analizando la situación resolvimos cambiar toda la cañería vieja, incluyendo la bajada hasta conectar con la parte nueva de la instalación, que tendrá unos 4 años. En día y medio lo terminaron. Cuando volvieron a conectar noté que la sisterna del baño no cargaba. Le pedí que la revisara. Hubo que cambiar la colilla de entrada de agua, que estaba tapada. La bomba que nos da más presión, también ocasiona de vez en cuando problemas cuando en alguna situación queda sin agua y luego vuelve a marchar, tose aire por las cañerías y se desprende alguna mugre que tapa filtros y colillas.

Al día siguiente subí a revisar y noté que el tanque perdía. La cañería estaba bien, pero se ve que con el movimiento del día anterior el tanque se resintió y abrió una pequeña fisura que habilitó el nuevo goteo. Llamé al sanitario, que ofreció traer de pasada un tanque nuevo. Lo pensamos un poco y resolvimos dejar la conexión de agua directa de la calle, porque vimos en el día y medio que estuvo conectada provisoria de esa manera, que la presión era mucho mejor. Quedó en venir al día siguiente, o sea hoy.

Me puse a cocinar y al terminar de lavar los platos escuché un ruido y un segundo después tenía los pies empapados por el desplome del desagüe de la cocina que hizo aquella mujer.

Ahora de mañana, mientras espero al sanitario para que termine de arreglar aquello y pedirle presupuesto por nuevo desagüe, recuerdo ese texto de la otra vez que hubo problemas continuados con el agua de la casa.

 

 

Cuestión de suerte

Cuando cuento cómo adquirí mi último trabajo, miran como que estoy mintiendo. Son caras distintas en cada uno. Pero las detecto.

Andaba en la mala, con muy pocos pesos. En vez de esperar el cero fui a buscarlo. Compré un bolso carísimo. Una mochila, en realidad. Por un rato, me sentí tremendo. Recorrí los bolsillos, todos muy bien pensados, con un tipo de cierre nuevo, tecnología japonesa, tan silenciosa y suave que daba miedo.

Venía en el ómnibus, cayendo en lo real, mugriento y pegajoso. El subidón de la compra empezaba a ser un recuerdo. En las piernas, la mochila vacía, con la tarjeta del modelo colgando del hilo. La muchacha sentada al lado me pregunta dónde aprendí ese movimiento. Quedé en blanco, mirando sin entender. Lo que hacés con los dedos en el bolso. No supe qué decir, me dio vergüenza. Habló de un trabajo que se pagaba bien, habló de entrevista. Quedamos para el día siguiente, después del mediodía.

Me rompí la cabeza, antes de dormir, pensando qué podía ser, y tratando de acordarme dónde había aprendido ese movimiento.

Al día siguiente, después de una introducción bastante larga, donde hubo palabras que no entendí, me consultó sobre temas referidos a sexualidad, para conocer mi opinión. Mi cara debió ser muy graciosa porque la muchacha se tentó.

-Mirá, voy a decirte directamente porque creo que podía andar. Asisto a una mujer que casi no se puede mover, hago todo tipo de cosas, incluso tocarla, sí. Por eso te preguntaba por estos temas. Ella prefiere que sea un varón. Lo que más le gusta tiene que ver con eso que hacías ayer. ¡No lo podía creer! Viste que es algo bastante particular. Bueno. Me imagino que lo tendrás que pensar. La propuesta y condiciones están en este papel. Leélo tranquilo. Cualquier duda me consultás. Ella tiene ilusión. Pero entiende la situación, si decidís no aceptar. Miré el número que ofrecían y lo demás por arriba. Ya sabía lo que iba a hacer pero dije que respondería en 24 hs.

El fresno

 

Lo habíamos dejado crecer para que cuidara del sol al techo del rancho. Pero se fue de madre, así que 20 años después, hoy, lo hicimos en rebanadas como bancos.

Del vecino viene una enredadera que tenía unos asuntos con él de este lado. Podría decirse que la dejamos viuda y quedó sola también en función del acondicionamiento térmico.

Las próximas lluvias serán determinantes para conocer el alcance de las nuevas goteras que, gracias al fresno, eran aleatorias y en lugares no estratégicos. El agua circuló por distintos lugares, pero siempre con la elegancia suficiente para no mojar el colchón ni cosas eléctricas. Los próximos días serán cruciales, atentos a la meteorología para estar aquí en el momento indicado con la disposición necesaria para mover los muebles.

Santa Ana

Sábado 9 de la mañana. Fin de semana en Santa Ana. Me quedo trancado al salir, no puedo sacar la llave de la puerta. Abre y cierra lo más bien, pero no sale, no quiere salir. Si hago más fuerza, rompo. Llamo al dueño del lugar. Antes, reviso el crédito. Cargo 100.

-¡Hugo! ¿Todo bien? Mirá, llegué ayer y todo joya, pero ahora bla bla le cuento todo.
-Qué cosa más rara, dice. Dejame ver qué puedo hacer desde acá.

Había pensado dos caminatas. Una de mañana y otra de tarde. Ese día murió. Lo que debe ser conseguir por acá a un cerrajero, me quiero morir. Ni siquiera sé darle instrucciones para llegar. Pero además, el más cerca debe estar en Atlántida.
Sé que estoy alterado por las pulsaciones. Además, escucho una música asordinada con bajo ochentoso de música disco. ¿De dónde viene eso? La casa más cercana está a 50 metros. Es el tipo de sonido que escucho cuando hay recital en el estadio Centenario, a 400 metros de donde vivo. Ah, pará! Son los parlantes del equipo, ¿arrancó solo? Vine acá ayer y jamás lo prendí, me dormí en el silencio de la noche como bendito.

Vine acá para pensar en otro trabajo y ya lo tengo: Cerrajero de la Costa de Oro. Tengo que aprender el oficio, averiguar cómo laburan los que ya están. No, primero averiguo, si vale la pena, aprendo. Cerrajería. Deporte de contacto con la propiedad.

No importa qué sonido le ponga, cuando el celular llama siempre suena a emergencia.

¡Hugo! ¿Que si probé qué? A ver, pará. Tal cual, era eso, disculpá.

La llave sale horizontal. Soy un boludo.
Tengo 2 caminatas pensadas. Las dos para el este. Una toda por la rambla y la otra por dentro.

 

No hay problema

LLego y no hay luz. Dicen acá que se fue a las 10. Son más de las 3 y no vino. ¿Hicieron reclamo? No se sabe. Una llamó pero se le cortó la llamada y al segundo intento le informaron problemas técnicos, no le quedó claro si se completó el proceso. El otro preguntó al lado, y también a oscuras. Pero no se sabe si llamó o no, y preguntarle no es fácil, puede ser que se desestabilice un poco.

No sé tampoco cuánto tengo de batería. Pero para poder conectarme a internet con ese usb viejo tengo que iniciar una versión de elementary anterior desde un pendrive, la única distribución de 3 o 4 que probé que me sigue agarrando esa pedorra de antel de 1 mega que no es. Lo tengo a mano en la cartuchera porque no es la primera vez de estos casos.
Una vez instalado el elementary freya y configurada la conexión, queda pronto, siempre y cuando no precises ver un video. En ese caso se instala synaptic para poder instalar libappindicator1 que es el complemento que precisa Chrome. Ahora sí, todo queda pronto para ver el partido en la definición más baja, 144p. Borrosa sí, es cierto. Al menos el audio se escucha bárbaro. Tengo que controlar no pasarme de los 5 gigas por mes que me otorga el servicio.